CHOIQUE MENUCO
La historia del Choique Menuco:
el origen ancestral que respira en la tierra
Dicen los antiguos que, mucho antes de que existiera la ciudad, el territorio era una gran laguna rodeada de silencio y viento. Allí habitaba un choique majestuoso, de plumaje suave como la arena del desierto y de mirada antigua como la cordillera. Ese lugar, donde el espíritu del ave descendía a beber, fue llamado Choique Menuco: el sitio donde el choique encuentra vida.
El choique no es un animal cualquiera dentro de la cosmovisión mapuche. Es un ser comunitario, que nunca camina solo. Se desplaza en grupos que se cuidan mutuamente, que avanzan en armonía, que sobreviven porque permanecen unidos. Ese comportamiento no es casual: para el pueblo mapuche, el choique es el símbolo del KVME FELEN, el buen vivir compartido, el recordatorio de que ningún ser sobrevive aislado.
La leyenda cuenta que el choique de la laguna era un guardián del territorio, un espíritu que enseñaba a las personas a observar, a escuchar y a moverse con humildad ante los ciclos de la naturaleza. Su danza, ligera y rítmica, marcaba el pulso del agua y de la vida; sus huellas guiaban a quienes necesitaban orientación; su presencia recordaba que la fortaleza nace siempre de la comunidad.
Con el tiempo, la laguna se replegó, pero el nombre quedó intacto, como un susurro que atraviesa siglos. Hoy, Neuquén lleva en su raíz el eco de ese Choique Menuco, como una memoria viva que nos invita a honrar la tierra, a caminar juntos y a comprender que la verdadera prosperidad —como el choique— se construye en comunidad.
Nosotros honramos su recuerdo con las esculturas de los choiques que están en la entrada de nuestro oasis.
